jueves, 12 de julio de 2012

Escribir por el placer/necesidad de escribir

Creé este blog hace ya un par de años, pero no ha sido sino hasta hace poco que sentí la necesidad de empezar a escribir en él. Tantos sucesos a mi alrededor, tantos cambios, tantas emociones, tantos recuerdos, necesitan una vía de escape. Y no es que piense convertir este espacio en una suerte de diario personal, pero sí me gustaría compartir algunos de esos momentos, algunos recuerdos y algunas observaciones sobre cosas sencillas - y no tanto - que estoy segura de que no solo me pasan a mi, para que quien lea esto (si es que alguien lo hace) pueda - tal vez - compartir conmigo también su visión sobre esas cosas. Y quise empezar este blog escribiendo justamente sobre escribir.

En estos últimos meses pensaba en qué momento perdí el hábito de la escritura.

Desde que tengo memoria me gusta leer y escribir. No soy una gran escritora ni espero ganar algún premio, pero disfruto hacerlo a modo de ejercicio personal.

Recuerdo que cuando era niña, y aún no sabía escribir, le pedía a mi mamá que fuera mi "secretaria" y tomara nota de las historias que iba creando (y ella tuvo el tino de guardar todas esas historias de princesas y caballeros donde yo era la protagonista). Ya mas grande escribía sola (e ilustraba) todas mis historias en un cuaderno rosado, donde también recogía alguna frase o pensamiento que leía en algún lugar y me había gustado (leyéndolo ahora veo lo súper cursi que era/soy).

También recuerdo cómo disfrutaba las clases de lengua y literatura y de inglés en el colegio, y todos esos juegos florales en los que participé con mis relatos. Mi ejercicio preferido era el que consistía en crear una historia a partir de una palabra asignada por la "miss". Esto pasaba indistintamente en nuestras clases en inglés o castellano y mi imaginación fluía impetuosamente y llenaba hojas enteras fácilmente. Y ya en cuarto y quinto de media, habiendo estrechado lazos con quien hasta ahora es una de mis amigas más queridas, Magaly, y con mi grupo de "hermanas" de la "promo", se nos dió por escribir historias acerca de la otra, y de nuestro grupo de amigas, basadas en hechos reales pero en un estilo más sarcástico y "dramático" (no puedo evitar sonreir mientras recuerdo esas épocas). Y, el resto de nuestro grupo no se quedaba atrás. Mariella, quien ahora es una "respetable" Gerente en Honduras, nos divertía con sus historietas tituladas "Las bolitas Honeymoon" y Alexandra nos enviaba notas y dibujos en pentagramas (jajajaja).

¡Qué tiempos aquellos!

En esos años también fui Corresponsal Escolar del diario El Comercio. Desde sexto grado de primaria hasta quinto de secundaria. Semanal o quincenalmente debía enviar un artículo a la redacción del diario para que fuera considerado para su publicación. María Eugenia Celli y Lucy Torres, fueron las periodistas encargadas de nuestra formación. Grandes maestras y mejores amigas aún. De esa época recuerdo los talleres con CEDRO, la cobertura de las Olimpiadas escolares, las visitas guiadas a museos y lugares históricos, las convenciones de periodistas escolares anuales y por supuesto las visitas periódicas a la redacción del diario (¡con carnet de periodista y todo!). Y entre los amigos que conocí, no puedo dejar de mencionar a Melina, quien ahora es una súper fotógrafa y profesora en una universidad local. Ella definitivamente fue una de mis personas favoritas de aquella época (me acuerdo clarito de ella flaquísima en su uniforme de chompa verde como la mía, trenza larguísima que peinaba hacia un lado y sus infaltables lentes). Hace poco todos los de mi generación, y generaciones cercanas, tuvimos un reencuentro y fue súper grato juntarnos y comprobar que muchos de ellos siguieron su vocación de periodistas y trabajan en ello. Y los que no somos periodistas, definitivamente consideramos esa etapa de nuestras vidas como una de las más lindas.

En la universidad seguí escribiendo, pero ya con menos frecuencia, hasta que conocí a Jorge Eslava y el Círculo de Narrativa. Nunca me sentí tan cómoda y segura en un grupo de chicos y chicas de mi edad, que compartían los mismos intereses, entusiasmo y hasta temores que yo. Y descubrí chicos muy talentosos como César y Kuno, complejos como Elsie, maravillosos como Carlos y Eduardo y personalidades únicas como Melissa, Ingrid, Omar... Aprendimos a escuchar y a criticar. Nos criticábamos los unos a los otros pues cada semana uno debía llevar un cuento. Mejorábamos nuestra escritura y siempre incorporábamos nuevas palabras a nuestro vocabulario. El salón del último piso de la Facultad de Comunicaciones se volvió nuestro refugio de los miércoles por la noche e Ítaca, el estudio de Jorge en Barranco, uno de nuestros lugares favoritos los sábados. Noches llenas de buenas lecturas, maravillosos poemas, música (mucho Sabina, mucho Leonard Cohen), conversaciones interminables. Jorge nos abrió un poco su mundo - a pesar de que no se quería encariñar con nosotros - y nos acogió en él como un papá orgulloso (terminó queriéndonos más de lo que creyó que podía jajaja). Lo más curioso es que a pesar de que el círculo funcionaba en la Facultad de Comunicaciones, muchos de los integrantes éramos de la Facultad de Derecho (y cosa parecida ocurría en el Círculo de Poesía donde los integrantes eran en su mayoría de las Facultades de Ingeniería). ¿En qué momento dejamos de frecuentarnos? ¿Por qué nos separamos? Es algo que he estado pensando últimamente y realmente no tengo una respuesta clara. Creo que simplemente el mundo "real" empezó a absorbernos y cada uno empezó sus prácticas pre-profesionales, o trabajos, o la carga en la universidad se hizo más pesada, o nos enamoramos, o nos desencantamos y paulatinamente se hicieron más espaciadas nuestras reuniones y fuimos menos los asistentes, hasta que finalmente se terminó. Jorge tenía razón al no querer encariñarse con nosotros, pero era simplemente inevitable (además que ese cariño acompañado también de admiración, fue mutuo). Felizmente su vocación de profesor fue más fuerte que su pena y un tiempo después volvió a liderar una nueva generación del Círculo de Narrativa de la Universidad (quisiera creer que no con más cariño que el que nos tuvo a nosotros durante esos tres años).

Y hasta ahí van mis recuerdos. Todo lo que he escrito después del Círculo de Narrativa han sido monografías, trabajos para la universidad, informes para mis clientes en el Estudio, escritos (demandas, denuncias, contestaciones, etc), cartas, y ahora términos de referencia e informes semanales, trimestrales y anuales. Punto aparte merecen algunas cartas o e-mails que he dirigido a personas muy especiales en mi vida (o que en su momento fueron especiales para mi) donde he podido dar rienda suelta a mi "pluma" jajaja. Pero ya no he vuelto a escribir como antes.

Ojalá que este blog, que hoy empiezo, pueda ayudarme a retomar ese tan saludable hábito: "escribir por el placer/necesidad de escribir".

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