Cuando era niña, bailaba apoyando las puntas de mis pies sobre los pies de mi papá. Eran nuestros momentos especiales cada vez que él regresaba de su trabajo en Iquitos.
Cuando era niña, mi tío Santiago esperaba mi visita a Trujillo para llevarme a su despensa y dejarme escoger todos los dulces que se me antojaran. Y los almuerzos siempre estaban plagados de risas pues nunca dejaba de contar chistes.
Cuando era niña, mi tío Antonio me llevaba a su tienda en Cajamarca para que escogiera las botas que me parecieran mas lindas y me las regalaba. Me acuerdo de que se levantaba tempranito para correr desde su casa hasta Baños del Inca, nadaba y volvía a su casa y luego al taller a trabajar el cuero.
Hoy, mi papá ya no baila conmigo sino en contadas ocasiones. Prefiere que lo acompañe a comer o que leamos juntos en la sala. Tampoco viaja más a Iquitos. Hoy mi papá se jubiló.
En un mes, mi tío Santiago cumplirá un año de fallecido. Dejó de llenar su despensa con dulces, pero nunca dejó de reír. De hecho, la última vez que nos vimos, un mes antes de su muerte, estuvimos cantando Caballo Viejo y riendo como siempre en el cumpleaños de Poper (su hijo). Así es como siempre quiero recordarlo.
En una semana, se cumplirán seis meses desde el fallecimiento de mi tío Antonio. Y esto es algo que aún estoy asimilando porque se nos fue en 4 días, y todavía tengo la sensación de que llegaré a su amada Cajamarca y lo abrazaré mucho como siempre. Pero sé que no será así. Y sabiendo como está su amada ciudad ahora pienso que su corazón se libró de esa pena, pero dejó nuestros corazones llenos de ella.
Estos tres hombres maravillosos, y tan importantes en mi vida, en mi mente siempre serán jóvenes y en mi corazón serán inmortales. Pero ya la vida, el tiempo, me los va arrebatando.
A dos de ellos ya no los veré más, por lo menos no en este mundo. Hoy los he pensado mucho y por eso sentí la necesidad de escribir esto. Los amo tanto!
Y a mi papá lo veo envejecer, con mucha dignidad, con mucha energía, alegría y ganas de vivir aún, pero al fin y al cabo lo veo envejecer. Espero poder acompañarte (o mejor dicho, egoísta yo, que me acompañes) por mucho mucho tiempo más. Para ti papá, siempre seré tu niña. Y aunque no pueda bailar más sobre tus pies, y aunque ahora seas tú el que me espera a la vuelta de mis viajes de trabajo, siempre voy a necesitarte y quererte. Porque, aunque ya no lo digamos tan seguido, yo sé que me amas y tú sabes que muero por ti. Eso, ni este tiempo tirano, lo podrá cambiar jamás. Te lo prometo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario